El agua purificada es uno de los elementos más importantes para que haya vida en un espacio determinado. No solo por las evidentes razones biológicas, si no también por las características físicas, químicas y biológicas que determinan la finalidad de su uso. Existe una gran variedad de elementos que se miden para conocer la pureza del agua, como la temperatura, el grado de alcalinidad, las bacterias que contiene y los minerales que arrastra. La principal razón para conocer la pureza del agua es, si el ser humano puede consumirla sin enfermarse o contaminarse con elementos tóxicos. Si el agua no es apta para que el ser humano la consuma, al menos puede servir para hacer limpieza.

El agua tal y como la recibimos en el grifo de agua, pasa por un ciclo de tres fases:


Origen: Puede ser agua de lluvia, de ríos, de mares o de pozos.


Tratamiento: Aquí se llevan a cabo los procesos para tratar y purificar el agua, erradicando los principales contaminantes, para dejarla en condiciones de pureza


Consumo: En esta fase, el agua pasa por un sistema de distribución y almacenamiento antes de llegar al consumidor final